Para disfrutarlos

La abuela infiel

Aunque las malas lenguas decían que había sido por la influencia de su padre, alcalde de la ciudad, Maria  Helena logró conseguir el cargo de gerente administrativa de la Galería de Arte, gracias a sus excelentes calificaciones y el hablar fluidamente francés, inglés e italiano. Hacía tres años había terminado con honores sus estudios de arte en la universidad y complementó su preparación estudiando idiomas en la capital. Con entusiasmo inició su trabajo y año y medio más tarde, gracias al esfuerzo conjunto del gobierno y el personal de la galería, anunciaron con bombos y platillos la traída a la ciudad de la más completa muestra de pintores europeos desde la época de los impresionistas hasta el modernismo contemporáneo, pasando por todas las tendencias y variaciones de la pintura.

 Después de varios meses de exhaustivo trabajo, donde cada detalle de la exhibición se preparó cuidadosamente, finalmente, la galería de arte abrió sus puertas al público un sábado del mes de junio. En las horas de la noche se llevó a cabo un elegante coctel con la asistencia de las autoridades, artistas e intelectuales de la ciudad y Maria Helena tuvo la gran alegría de su vida cuando el Director hizo reconocimiento a la brillante labor que ella había desarrollado para lograr convencer a los museos europeos de la capacidad y responsabilidad de la ciudad para realizar un evento cultural de semejante magnitud e importancia. La exhibición estaba programada para durar ocho semanas y los resultados económicos garantizaban un éxito total con una asistencia de miles de personas que visitaban diariamente la galería desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche.

Faltaban dos días para terminar la exhibición, cuando unos minutos antes del cierre, una de las secretarias le dijo a Maria Helena que una señorita necesitaba hablar con ella acerca de una de las obras. Cuando la joven entró a la oficina su rostro se le hizo familiar, pero no supo determinar dónde la había visto. Era una hermosa mujer de unos veinticinco años de edad, elegantemente vestida. Dijo que se llamaba Cecilia Ramírez y estaba muy interesada en saber sobre el autor y los detalles de una pintura que había en la exhibición, pero antes quería que Maria Helena la acompañara a uno de los salones para que viera por sus propios ojos por qué ella  estaba buscando                                                                               información sobre la pintura. Cuando llegaron al salón de pintores italianos, Cecilia caminó hasta uno de los cuadros y señalándoselo le dijo que mirara cuidadosamente. Se aproximó a la pintura y se paró a un lado.

Maria Helena no podía creerlo, era un retrato de una mujer desnuda, de una belleza impresionante, pintada al estilo clásico de los maestros italianos del renacimiento y era exactamente igual a Cecilia. Maria Helena pensó para sí misma “con razón yo la conocía, si he visto esa mujer todos los días en la exhibición”  Varias personas que estaban allí, comentaron a viva voz que ella era la modelo de esa pintura. El título de la pintura era “La mía amata Cecilia” y el autor se llamaba Giacomi Grissoni. La fecha del cuadro decía 1964. Asombradas por el parecido y la coincidencia del nombre, regresaron a la oficina donde Maria Helena revisó toda la documentación sobre dicha pintura, encontrando que Grissoni era un pintor italiano, notable por sus retratos de personajes y paisajes de la región de Umbría. Había nacido en Asisi en 1929, muriendo muy joven en Perugia en 1964. Hizo los estudios de pintura en el conservatorio de bellas artes de Perugia. Posteriormente se había radicado en Roma donde adquirió gran prestigio como retratista convirtiéndose en el pintor de moda de los nobles y las personas celebres de Italia. La pintura era propiedad privada y estaba en préstamo a la galería de arte de Roma. Sobre la modelo no había ninguna información.                                                                                                             Las dos chicas regresaron a la oficina y Cecilia dijo:

─Es la segunda vez que vengo a la exhibición esta semana. Cuando encontré el parecido con la dama de la pintura, tuve la sensación o la corazonada que la modelo era mi abuela. Es muy poco lo que yo sé porque en casa nunca se habló de ella. Esa noche cuando regresé a casa,  le pregunté a mi madre sobre la abuela y me dijo que ella no tenía recuerdos de sus padres. Todo lo que sabía era que su madre había muerto cuando ella nació y su padre murió unos meses más tarde de pena moral. También me dijo que lo único que a ella le llamaba la atención, era que en la casa no hubiera fotos de ella. En los álbumes familiares nunca se veía a su mamá, pero si había varias páginas recortadas donde se apreciaba que alguien había sido borrado de los recuerdos familiares. Finalmente me dijo que un hermano de mi abuelo todavía vivía y quizás el podría ayudarme a esclarecer la historia de la familia. Yo creo que todo esto es muy misterioso e intrigante y quisiera que usted me ayudara a descubrir quién es o quién fue la modelo de esa pintura.

 ─ Bueno, si ese señor vive todavía, podemos ir a visitarlo en el fin de semana.

 Después de varias llamadas telefónicas, lograron contactar al familiar que se llamaba Pablo González  y Cecilia le dijo que estaba muy interesada en conversar con él. En un principio él se mostró renuente a verla pero al final la joven logró convencerlo diciéndole que estaba escribiendo una historia de la familia.

El sábado temprano, las dos jóvenes viajaron a Carigua, un pueblo a unos trescientos kilómetros de Caracas, donde vivía el tío abuelo de Cecilia. Preguntando aquí y allá, lograron llegar a una hermosa finca  en las afueras de la población. Cuando abrió la puerta, Pablo se quedó asombrado al ver a Cecilia. Durante unos instantes la contempló detenidamente mientras dejaba que su mente viajara por el mar de los recuerdos. “Eres idéntica a ella” dijo con voz trémula. La abrazó y le dio un beso. Después de presentarle a Maria Helena, se sentaron en un balcón a conversar mientras se tomaban un buen café. Era alto y elegante, y a pesar de andar por los ochenta años se conservaba muy bien. Luego las invitó a un restaurante y mientras almorzaban, departieron animadamente de temas generales hasta que Cecilia le contó la historia de la exhibición de pintura, la conversación con su madre y el presentimiento de que la mujer de la pintura era su abuela.

 ─Mi madre dice que tú eres la única persona que nos puede ayudar a resolver este misterio, ¿por qué mi abuela está en esa pintura, si todo el mundo dice que ella murió cuando mi madre nació? Por qué no nos cuentas la verdadera historia de mi abuela?.

─Bueno, ya que tú has estado escarbando en la historia de la familia, no hay más remedio que contarte  lo que pasó hace mucho tiempo. Quizás unos cincuenta o sesenta años. Te advierto que vas a encontrar que algunos de tus parientes no fueron, o fuimos  tan buenas personas como uno tiende a imaginárselos o mejor a idealizarlos. Yo fui protagonista y testigo de las cosas que ocurrieron en nuestra casa y cuando regresemos podemos sentarnos a hablar largo y tendido sobre tus abuelos.

 Bien acomodados en la sala de la casa de campo y con unas botellas de vino rojo australiano, Pablo empezó a contar la historia de la abuela diciendo así:  

 ─Cecilia Vargas Jiménez, que ese era su nombre completo, nació el día 5 de julio de 1932. Sus padres eran personas adineradas y ella tuvo una buena educación. Cuando llegó a la pubertad se convirtió en la chica más hermosa y asediada del pueblo. Además era inteligente y de un carácter fuerte, acostumbrada a defender sus puntos de vista e imponerlos sobre las demás personas. Yo fui su primer novio y tuvimos unas relaciones amorosas que podrían llamarse candentes porque así como ella tenía una personalidad dominante, era también una mujer apasionada y le gustaba jugar con fuego. Cuando nuestros amoríos se dirigían hacia lo inevitable, algo completamente inesperado ocurrió. Como era obligación, me tocó presentarme al servicio militar al cumplir los diez y ocho años  y me enviaron a Canaima por un año. Cumplidamente le escribía, pero nunca recibí una carta de respuesta. Cuando regresé  me encontré con la sorpresa que ella estaba de novia de mi hermano mayor Julio, que fue tu abuelo. El me hizo reclamos porque algunos de nuestros amigos comunes decían que yo me había acostado con ella. Me tocó bajo juramento negarle ese hecho. El caso es que de esa relación, Cecilia resultó embarazada, porque mientras sus padres se la pasaban todo el día en la iglesia rezando y dirigiendo grupos de oraciones, ellos se encerraban en la casa a hacer el amor. Hubo necesidad de organizar un matrimonio a la carrera y seis meses más tarde nació tu madre, una linda niña que bautizaron con el nombre de Carmenza en honor de nuestra mamá. Ese matrimonio se celebró en abril de 1954.

Cecilia cambió mucho después de tener la hija, prácticamente la puso en manos de criadas y nunca le prestó atención, al final fueron nuestras hermanas quienes se dedicaron a cuidar de la niña mientras ella ocupaba su tiempo visitando los almacenes, despilfarrando el dinero en vestidos y cosméticos y a salir constantemente con grupos de amigos. Con el paso de los días estas salidas se fueron alargando y algunas veces duraron dos o tres días. A pesar de las protestas de mi hermano y de la familia, ella nunca hizo caso hasta que unos meses más tarde, un día empacó las maletas y le dijo a Julio que estaba cansada de los reclamos, que tenía un amante con el que se iba para Caracas y que tenía suficiente de este pueblo donde todo el mundo la miraba como si fuera una puta.

Mi hermano que la amaba intensamente, entró en un estado de depresión enorme y finalmente una noche unos dos meses después de su partida se suicidó ahorcándose y señalando con el dedo les dijo, en ese árbol que ustedes ven en el patio. A partir de ese día, nosotros borramos a Cecilia de nuestras vidas. Todo aquello que nos la recordaba lo destruimos o lo quemamos y revisamos todos nuestros álbumes familiares para desterrar para siempre su imagen de nuestra familia. Es por eso que tú nunca oíste hablar de tu abuela.

El amante con el que Cecilia se marchó, era Antonio Rodríguez, quien fue compañero mío de estudios. Pertenecía a una acaudalada familia del pueblo que había emigrado a la capital, donde prosperaron económicamente y hoy en día tienen una cadena de almacenes en todo el país. Este señor le compró un lujoso apartamento en unos de los barrios más exclusivos de la ciudad y se movían en los altos círculos sociales donde ella empezó a destacarse por su belleza y coquetería. Nos manteníamos bien informados de su vida porque con alguna frecuencia sus fotos salían en la prensa en las páginas dedicadas a las celebridades venezolanas y algunos amigos y familiares nos contaban de sus aventuras. Sin embargo, esta vez Cecilia se encontró con un hombre que no le iba a tolerar sus devaneos amorosos y la primera vez que la sorprendió en un club nocturno con un amigo, la abofeteó públicamente y cuando llegaron a casa le empacó sus maletas y la echó a la calle. Cecilia buscó refugio en casa de una amiga por un tiempo, luego sacando buen partido de su belleza, cautivó a un hombre mucho mayor que ella quien perdidamente enamorado le abrió cuentas bancarias y le traspasó sus propiedades. Un día del año 1960, Cecilia vendió todo, hizo una transferencia internacional y se marchó a Italia dejando a su dadivoso amante en la ruina. Eso es todo lo que se de ella y no tengo nada más para contarles sobre mi famosa cuñada, tu abuela.

Esa noche durmieron en la finca y al día siguiente regresaron a Caracas. Ahora que sabían sobre  las aventuras de la abuela, crecía el interés por averiguar cómo le había ido en Italia. Mientras manejaban de regreso, organizaron la manera de viajar a Italia. Cecilia tenía medios económicos y Maria Helena pediría vacaciones y aprovecharía los contactos para averiguar sobre la modelo de la pintura.

De esta manera las dos amigas llegaron tres semanas más tarde a Roma, luego de registrarse en el hotel, dedicaron tres días visitando los sitios más interesantes de la ciudad y cuando consideraron conveniente visitaron una de las galerías de más prestigio, la “Galleria Nazionale dell’Arte Moderna”, que había enviado la muestra italiana a la exhibición de Caracas. Fueron atendidas gustosamente por su director Pier Lugi Bastrini a quien entregaron una carta de presentación de la galería de arte de Caracas y explicaron la razón del viaje. Después de escucharlas con atención, les contó que esa pintura pertenecía a la familia del conde Emiliani Vecelli, pero que ellas tendrían que viajar a la ciudad de Perugia para conversar con él. Muy comedidamente habló por teléfono con alguien y les concertó una cita con el propio conde. También tuvo la gentileza de darles un mapa con la indicación del Palazzo Vecelli en las afueras de la ciudad. Posteriormente las invitó a un fino restaurante donde departieron amistosamente por el resto de la tarde.

Al día siguiente alquilaron un auto y marcharon por una moderna autopista a Perugia. Siguiendo las indicaciones del mapa manejaron a lo largo de la hermosa campiña de Umbría, después de pasar una pequeña aldea, tomaron un camino privado sombreado por una florecida foresta bordeando un riachuelo, que las condujo a un vetusto caserón, que se suponía era el “Palazzo Vecelli” que definitivamente había tenido mejores tiempos.

Las dos chicas fueron atendidas por una simpática señora entrada en años, que no despegaba los ojos de Cecilia y no cesaba de decir “mamma mía, mamma mía”. Marie Helena, hablándole en un fluido italiano le dijo que necesitaban hablar con el conde. La señora las hizo entrar a un salón, que contrario a la apariencia del exterior del edificio, estaba en magnificas condiciones con un elegante decorado al estilo del renacimiento que más parecía una galería de arte que una vivienda. Después de hacerlas sentar, se marchó en búsqueda del conde.

Cinco minutos más tarde, un frágil anciano caminando lentamente ayudado por un bastón, hizo su entrada al salón y tan pronto vio a Cecilia, se desmayó. Solícitas corrieron a atenderlo, la anciana caminó apresuradamente a una alcoba y regresó con unas sales de olor que después de unos minutos reanimaron al conde. Visiblemente alterado y tembloroso, el anciano sentándose en una silla escuchó la historia que Maria Helena le contó acerca de la abuela de su amiga. El anciano les dijo que la presencia de Cecilia le traía recuerdos muy dolorosos y trágicos de hechos que ocurrieron mucho tiempo atrás, por allá en los años sesenta del siglo pasado, cuando él estaba más joven y tuvo la desgracia de encontrar a la “ puttana pui bella del mondo” que le arruinó su vida y la de su familia. Sorprendidas por la forma tan enfática de calificar a su abuela, le dijeron que estaban muy interesadas en saber de la vida de ella en Italia.

Poniéndose de pie el anciano les dijo que se podían marchar, pues él no tenía nada bueno que decir de esa mujer. Mientras la anciana las acompañaba a la puerta, les dijo que la esperaran en la aldea, pues ella podía contarles sobre las relaciones del conde con Cecilia Vargas. Tal como lo había prometido, la señora que se llamaba Pascuala, las encontró en la plazuela de la aldea en las horas de la tarde y les dijo:

“El conde conoció a Cecilia en 1962, cuando ella pasó una temporada de vacaciones en Perugia. Estaba alojada en “Villa Sangalo”, que era el sitio donde se reunían los notables de la región, y el conde era un asiduo visitante. Para ese entonces él andaba por los cincuenta años y prendado de la belleza de Cecilia se enamoró perdidamente de ella proponiéndole matrimonio inmediatamente. Esta propuesta cayó pésimamente en la familia del conde, pues él había enviudado solo tres años antes y sus hijos consideraron un irrespeto que trajera a una desconocida extranjera a ocupar el lugar de su madre. A pesar de las protestas, el matrimonio se llevó a cabo, los hijos se marcharon a Roma y Cecilia se convirtió en la condesa Vecelli.

Para inmortalizar a su amada, un día del año 1963, el conde Emiliani contrató al famoso pintor Giacomi Grissoni para que hiciera una pintura de la condesa. Ella encantada de semejante honor, viajaba una  vez a la semana a Roma para posar. Extrañamente la pintura se demoró muchos meses más de lo previsto en ser terminada hasta que el conde enfadado un día visitó el taller sorprendiendo al pintor y la modelo haciendo el amor.

Nadie sabe qué pasó allá. Cuando regresaron a casa, el conde traía dos pinturas. Una completamente vestida al estilo de las damas del renacimiento y la otra, una hermosa pintura al estilo clásico griego con la modelo posando como una diosa del amor completamente desnuda. A partir de ese día Cecilia fue mantenida encerrada en el palacio, prácticamente prisionera del conde que se convirtió en un ser solitario y agresivo. Unos días más tarde, el pintor fue encontrado asesinado en las afueras de Perugia. A pesar de las investigaciones de la policía, nunca se supo quien había sido el criminal. En el año 2007, Cecilia fue internada en una casa de salud en un estado de avanzada demencia causada por la enfermedad de Alzheimer, muriendo en el 2010. Sus restos reposan en el cementerio de esta pequeña aldea”.

Las jóvenes acompañadas por la anciana caminaron hasta el cementerio. Una sencilla inscripción en la lápida decía; ‘Condesa Cecilia Vacelli, 5 de julio de 1932, 25 de octubre 2010”.  Después de poner unas flores y rezar por el descanso de su alma, regresaron a la aldea, subieron al carro y se perdieron en la distancia mientras el sol se ocultaba entre las colinas de la Umbría.

 

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18.05 | 08:58

Bárbara, lamentablemente no pude leer su comentario porque está incompleto. Gracias, Humberto.

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18.05 | 01:17

Mi nombre es Barbara y me baso en Noruega. Mi vida está de vuelta! Después de un año de matrimonio roto, mi marido me dejó con dos hijos. Sentí que mi vida esta

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26.03 | 08:54

Felicitaciones Humberto por esta pagina donde nos pones en contacto con tu personalidad y encontramos un momento de esparcimiento y paz al leer tus escritos.

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05.09 | 05:21

Un saludo literario, cargado de todo el afecto y admiración que se merece mi primo. Soy tu seguidora y te leo con ahínco, y prisa, soy adicta y tu fans

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